Lastenia Mendivil reza en silencio y sin cansancio sus novenas. El tiempo que le quede de vida no será suficinte para agradecerle a la Beatita de Humay, el haberla salvado milagrosamente de la tragedia.
Acaba de cumplir 107 años y es suficientemente terca como para seguir viviendo, como para querer regresar a Pisco, su tierra y enfrentar a la muerte que ella burló.
Fue exactamente hace un año que conocí a Lastenia, entonces cumplía 106 años y sorprendía con una envidiable lucidez, eran tiempos alegres para ella y para Pisco.
Hoy Lastenia puede celebrar un nuevo cumpleaños. La madrugada del terremoto, ella dejó su casita en Pisco y fue presurosa a Lima, una visión de la Beatita le había advertido la desgracia.
Lastenia recogió lo más valioso que tenía, sus joyas, sus fotos mas preciadas, sus estampas de la Beatita de Humay y los papeles de su casa. A las 6:41 de la tarde, hora del terremoto, ella estaba en Lima, con los suyos y a salvo.
Han pasado dos dias del terremoto y Lastenia insiste en regresar a Pisco, ir a Humay y agradecer a su Niña Luisa, la sierva de Dios.
La Iglesia que visitamos hace un año ahora está en ruinas, aquí doña Lastenia solía encomendarse todos los domingos, aquí me enseñó a orarle a la patrona milagrosa de su pueblo natal. Pero de eso ya no queda nada, ni del aroma a flores que impregnaba la última morada de la Beata, que sigue ahí, intacta a la espera de ser rescatada.
Faltan pocos kilómetros para llegar a Pisco, las imágernes en la televisión no son suficientes para Lastenia, no puede creer que de su ciudad tampoco quede nada.
Uno a uno, Lastenia toma nota de los fallecidos, la lista es larga, sabe que ella pudo ser uno de ellos; sin cansancio repite el milagro de esa vida que parece ser eterna.
Su casa como la de miles de pisqueños no existe. Aquí se fueron sesenta y cinco años de recuerdos impregnados en las paredes de adobe destruidas. Bajo los escombros de esta ciudad ha quedado la historia de los 107 años de su vida.
Para sus vecinos, los que quedan de ellos, Lastenia representa la esperanza de que los milagros existen, que si se aferran a la fe tal como lo hace esta anciana entonces, Dios puede apiadarse de ellos.
Lastenia se desespera de la impotencia, sus piernas delgadas y débiles no le permiten trepar los escombros para llegar a su habitación, la única habitación que se mantiene en píe y recoger lo único que necesita, sus santos y ese viejo libro amarillento de su niña Luisita.
Durante 107 años, Lastenia caminó por estas calles. Pisco es más suyo que de nadie, por eso el dolor es grande. Sus ojos privilegiados por el tiempo pueden asegurar que vieron nacer y morir a Pisco.
Ahora cubierta de polvo es imposible reconocer que aquí vivió tranquila toda su vida. En sus canas ya no descansa esa agradable brisa marina, solo se posa el olor a muerte. Pisco esta destruido como el corazón de Lastenia.
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